Los Celos en la Familia I

Psicólogos en Madrid:  Los Celos en la Familia

LOS CELOS EN LA FAMILIA ( I )

Los celos en la familia se pueden considerar como la reacción emocional que aparece cuando una miembro de la familia siente una sensación de pérdida o amenaza hacia otro familiar al que “consideraba suyo”.

Los celos más comunes son aquellos que aparecen cuando un individuo tiene una sospecha o preocupación ante la posibilidad de que el sujeto amado esté prestando más atención a una tercera persona.

Los celos son un sentimiento universal, que aparece en todas las culturas, en hombres y mujeres, en niños y adultos. Cuando estos celos que podríamos llamar normales, aumentan de intensidad pueden ocasionar un serio problema a la persona que los padece. En casos graves hablamos de celos patológicos o celotipia.
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En este artículo nos vamos a ceñir al ámbito familiar y vamos a analizar las reacciones de celos que pueden aparecer en distintos momento evolutivos de las familias. Dada la considerable extensión del tema, en esta primera parte vamos a hablar de los celos que aparecen en una familia con la llegada de un nuevo miembro, desde el momento en que se conoce la “feliz noticia” del embarazo de la madre.

Los celos en la familia durante el embarazo.-

Una familia puede ser muy feliz hasta la llega de un niño, incluso antes de que se produzca el nacimiento. Los celos hacia él pueden enturbiar la vida familiar. ¿Cómo podemos afrontar un problema tan delicado como este?

Desde la infancia, a cada uno se le enseña que los celos no son buenos y que son una emoción a evitar. Sin embargo, son probablemente la respuesta más corriente a los cambios de situación que van apareciendo en nuestras vidas.

Algunas clases de celos son muy fáciles de identificar, como por ejemplo la envidia por el trabajo o el sueldo de nuestro vecino. Pero en otras ocasiones, el  individuo no puede comprender que los celos son la emoción que le está perturbando y haciendo infeliz.

El nacimiento de un nuevo bebé puede ser una de estas situaciones que inquieta y trastorna a alguno de los miembros de la familia.

El primer embarazo de un matrimonio o de una pareja puede producir cambios significativos en sus relaciones personales. Por muy querido que sea el embarazo, aunque hayan pensado en el niño y le hayan deseado de mutuo acuerdo, puede que no sea fácil aprender a convivir entre tres personas en lugar de dos.

Algunos hombres tienen sentimientos de celos en la familia al ver a su mujer  aumentar de tamaño con el embarazo. A veces el hombre envidia la creatividad de la mujer, el hecho de que pueda ser capaz de tener a un hijo en su seno.

Puede resultarle desagradable la forma en que el niño consigue más y más del cuerpo de su pareja y al mismo tiempo se va apoderando de los pensamientos de ella cada vez con más intensidad, dejándole a él al margen y haciéndole sentirse como un extraño.

En otras ocasiones estos la situación se equilibra y muchos hombres disfrutan viendo a su mujer embarazada, se enorgullecen ante el resultado que demuestra  su virilidad y, en ocasiones, pueden disfrutar con su pareja de la serenidad y el encanto que con frecuencia  conlleva el embarazo.

En las últimas fases del  embarazo puede cambiar esta situación. Algunos hombres piensan que el cuerpo de la mujer se deforma  y afea,  y no son pocas las mujeres que no quieren tener relaciones sexuales porque no  se consideran deseadas y se sienten faltas de atractivo.

Esta ausencia de deseo sexual en la mujer la quitará la espontaneidad al hacer el amor, y puede aumentar además los celos que el padre experimenta respecto del  bebé, al que va a considerar como el culpable de la situación. ¡Aún no ha nacido el bebé  y ya afecta a sus sentimientos… y a su vida sexual!

Las relaciones sexuales de la pareja pueden resultar  a menudo difíciles porque les falta seguridad sobre cómo realizar el coito durante el  embarazo. Muchas parejas necesitan la seguridad de que pueden tener relaciones sexuales en este momento del embarazo, relaciones que son naturales y, que salvo casos muy excepcionales, están carentes de riesgo.

Hablar de los celos nunca es fácil, pero sí la pareja prueba a hacerlo con franqueza y sinceridad, la tensión acumulada puede verse considerablemente reducida. Estas conversaciones dan, además, la oportunidad de examinar cómo pueden desarrollar más fácilmente sus relaciones sexuales en las últimas semanas de gestación.

Al igual que los hombres, también las mujeres pueden sentirse atrapadas por los celos en la familia. Las mujeres envidian a menudo a  las embarazadas, y no es raro que una abuela envidie la fertilidad de su hija o de su nuera, especialmente si  cuando era más joven  disfrutó de la experiencia de ser madre.

En estos casos los celos en la familia se entremezclan con la alegría del nuevo retoño que llega a la familia.

Los celos en la familia después del parto.-

Durante el embarazo muchas parejas niegan reconocer que el niño que está en camino haya alterado sus vidas. Después del parto y cuando el bebé se encuentra ya en la casa, es imposible ignorar el efecto que su presencia supone en la relación entre los padres. Es esta una etapa en la que con frecuencia, los celos en la familia son experimentados más profundamente.

La madre está continuamente dedicada al cuidado del bebé. Cuando está libre de tareas, a menudo se encuentra agotada y falta de sueño y tiempo para sí misma. Si ha sido el primer hijo, se suma además  una ansiedad materna que puede ser devastadora.

Tiene que comprobar a cada instante si el niño se encuentra “perfectamente bien”, todos los cuidados le parecen insuficientes  y puede  llegar a convertirse en una fanática de la limpieza de todo lo que pueda entrar en contacto con el bebé.

No es extraño que el padre se sienta ignorado y marginado por mucho que con su mejor voluntad trate de comprender la situación.

Algunos sentimientos de envidia pueden ser muy infantiles como, por ejemplo, los celos del padre cuando “su mujer” dar de mamar al bebé. Puede sentir que él tiene un derecho de propiedad exclusivo sobre sus senos y que ahora el niño se lo ha robado.

El bebé es mecido y acunado cerca del pecho materno, y el padre desearía estar él en esa situación.  De igual modo, la mujer puede sentir celos en la familia por la libertad del hombre.

Él sigue teniendo contactos con el mundo exterior, sale cada mañana a la calle para pasar el día en compañía de otros adultos, mientras que ella se encuentra “encerrada” con la rutina interminable  de cuidar del niño.

La mayoría de las parejas descubren que el nacimiento de un niño aporta muchas nuevas alegrías, sobre todo si éstas han sido compartidas por los dos desde el comienzo del embarazo.

Cuando los dos  se han ven  implicados en el parto, para el padre es mucho más fácil sentir que el niño le pertenece también a él: El bebé es también algo suyo.  Esto significa que también disfrutará compartiendo  con su esposa las tareas de bañar y alimentar al bebé.

Algunos hombres no quieren estar presentes en el parto y se debe respetar ese deseo suyo.  Nada se gana con obligarlos, sobre todo si ven el parto como un castigo por el que tiene que pasar su pareja,  en vez de considerarlo como una experiencia a compartir entre los dos.

A veces, aunque el padre y la madre se esfuercen por compartir el niño, surgen problemas. La madre probablemente agradecerá la ayuda que presta el padre y se sentirá aliviada al compartir con él, la responsabilidad por el niño. Pero a veces sus sentimientos no son tan claros cuando si advierte que él, en el cuidado del niño, resulta tan eficaz como ella.

La presencia masculina, fuerte y grande, puede dar tranquilidad y seguridad a un bebé enfadado o  inquieto. Esto hace que el padre experimente una sensación de eficacia, pero, por otra parte, la madre se sentirá insegura sobre su capacidad para cuidar del niño.

La sociedad tradicional ha establecido y educado a las mujeres con un instinto maternal que, de forma natural, las empuja al cuidado de los niños. Pero hoy en día los roles de la pareja están cambiando de forma acelerada.

En muchas familias la mujer trabaja y gana un sueldo y el hombre desempeña las “tareas del hogar”. Hoy vemos con naturalidad que los hombres puedan cuidar de los niños con eficacia, paciencia y afecto.

Esta actitud hace que los padres tengan una mayor libertad en los papeles que desempeñan en su matrimonio, pero también puede provocar confusión e inseguridad en algunas mujeres. “Si él es capaz de hacer lo que se supone que yo debería hacer, y si además lo hace mucho mejor, entonces ¿qué es lo que me queda a mí?”

En ciertos casos, la pareja decide que el hombre permanecerá en casa con el niño mientras la mujer prosigue su carrera profesional. Esta experiencia puede funcionar y funciona en muchas parejas, aunque cuando el bebé crezca y conozca otras familias puede experimentar una cierta confusión acerca de los roles del hombre y la mujer.

Pese a todo, esta situación es tan relativamente nueva, que resulta difícil estimar su efecto en los niños, si es que tiene alguno. Yo particularmente creo, que hoy en día, los niños viven con naturalidad este intercambio de papeles.

Aprender a vivir con una tercera persona es posiblemente uno de los retos más difíciles para cualquier matrimonio. A pesar de todo, la mayoría de las parejas resuelven este problema y adaptan  sus relaciones a la presencia del niño.

Todo es mucho más fácil cuando las relaciones son intensas y se ha contado con tiempo suficiente para establecer un vínculo de confianza y de participación.

No necesariamente van a surgir problemas por renunciar a “estar solos y juntos” y cuidar de una tercera personita, que probablemente será muy exigente.

Autor:  Psicólogos en Madrid: Gerardo Castaño R.

Los Celos en la Familia I

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