Los Celos en la Familia II

LOS CELOS EN LA FAMILIA (II)

Continuamos con la segunda parte del artículo sobre los celos familiares. En la primera entrega hablamos de los celos que pueden surgir tanto durante el embarazo como después del parto y que pueden afectar tanto al padre como a la madre. Ahora veremos algunas otras situaciones, como por ejemplo, los celos paternos cuando el hijo abandona la casa, los celos paternos cuando alguno de los padres es muy dominante y posesivo, y finalmente el caso más frecuente que es el de los celos de los hermanos con el recién nacido.

Los celos en los padres cuando los hijos dejan la casa.-

Algunos padres empiezan a sentir celos de sus hijos cuando crecen, generalmente cuando el hijo o la hija se marchan de la casa para comenzar su propia vida. Muchos padres envidian las oportunidades que su hijo tiene: por ejemplo la suerte de permanecer en la escuela o ir a la Universidad. Pueden imaginar a su hijo haciendo cosas que ellos nunca hicieron y desearían haber realizado. No son pocos los padres que piensan en la “vida loca” que llevan sus hijos en sus viajes a otros países con el plan “Erasmus”. Pueden envidiar los trabajos en algún atractivo o exótico país extranjero. En esta etapa, los celos pueden afectar seriamente al hijo y a su relación con los padres.

los celos en la familia

Los celos cuando los padres son muy dominantes.-

Esta situación puede afectar tanto al padre como a la madre, y en general se suele producir de forma cruzada, el padre dominante tiene celos de “su niña” o la madre dominante y posesiva no deja vivir en paz a “su pequeño”.

Todos conocemos casos donde está situación aparece con mayor o menor intensidad. Para ilustrar mejor el tipo de relación veamos el caso de Alberto, un chico adoptado. Su madre deseaba desesperadamente un bebé, pero tuvo que desistir tras múltiples intentos recurriendo a las técnicas más modernas y al final convenció a su marido para adoptar. Era tal el deseo por el hijo, que exigió a Alberto un amor total. A Alberto le resultaba casi imposible someterse a las exigencias de su madre. En realidad tantas exigencias surtían el efecto contrario: casi le repelían.

Alberto fue un brillante estudiante de bachillerato y se marchó a la universidad. Esto supuso un serio revés para la madre que para manifestar su “alegría” sólo consiguió decir “Ahora sí que le he perdido para siempre”. Más tarde, Alberto se casó, y su madre se volvió muy celosa de las relaciones entre su hijo y su familia política, relaciones que, por otro lado, eran completamente normales. Las quejas de la madre iban en aumento con los años y hablaba de su vejez y sus múltiples achaques diciendo: “Viejo, enfermos y solos. Así nos vamos a ver. Hijo mío, tendrás que venir a cuidados.

En la situación de Alberto o en otras situaciones parecidas, las constantes exigencias de los padrespara que sus “niños” les quieran y estén siempre a sus órdenes, dan lugar a una relación cargada de tensión y sentimientos de culpa. Probablemente lo peor de todo esto, sea que cuando los padres enfermen de verdad, la primera reacción de los hijos sea la huida. Las residencias de ancianos están llenas de madres y padres solitarios cuyas excesivas exigencias y afán de dominación frustraron a sus hijos.

Los celos y la rivalidad entre los hermanos.

Con la confirmación del embarazo, preparar a un niño sobre la llegada de un nuevo hermanito, puede resultar crucial para sus relaciones futuras. Es muy importante hacer saber a los niños que no van a perder el cuidado y el cariño de los padres, que el nuevo bebé no les va a reemplazar. Si tienen edad suficiente, un año o más, se les debe informarles sobre la llegada del bebé, preferiblemente al comienzo del embarazo.

Es de gran ayuda implicar a los hermanos en la evolución del embarazo, dejarles sentir los movimientos del futuro bebé dentro del seno materno. Cada vez son más los médicos que permiten a los niños escuchar los latidos del hermanito en sus consultas. Es más que probable que los hermanos sientan un cierto desamparo y reciban menos cuidados y atenciones con las prisas que rodean el momento del parto. La madre estará ausente en el hospital, al menos durante unos días, y cuando regrese tiene una formidable tarea: un nuevo niño al que cuidar.

Es importante en esta etapa, que los niños empiecen a asumir una relación propia con el bebé. Los hermanos mayores necesitan sentir que juegan un importante papel en el cuidado del nuevo niño. Es de gran ayuda animarles a hablar y a tocar al bebé y es una idea excelente conseguir que el hermano mayor se involucre y ayude a bañar al pequeño, espolvorearle talco o aplicarle pomada.

Esta intervención de los niños en la vida del bebé es muy importante, pero los hermanos también necesitan pasar algún tiempo a solas con sus padres. La lectura de un cuento al hermano mayor mientras el bebé está dormido o jugar uno de los padres con el mayor mientras el otro se queda al cuidado del bebé, puede ayudar a reducir los celos que sienten los niños, aunque probablemente resulte imposible eliminarlos por completo. Los celos sólo son un problema cuando escapan a todo control. Si los sentimientos de envidia resultan equilibrados y son tenidos en cuenta por los padres en cuanto aparecen los primeros signos, pueden controlarse adecuadamente y desarrollarse relaciones saludables entre padres e hijos y entre los mismos hermanos.

Los celos son una emoción muy destructiva y pueden envenenar cualquier relación si no son tenidos en cuenta. Si el padre y la madre están pendientes de los hijos y comprenden que cada uno de ellos tiene un papel que desempeñar, puede que nunca surjan los celos. Tanto para los hijos como para los padres es muy importante comprender que cada miembro de la familia puede tener una buena relación, con frecuencia diferente, con el nuevo bebé y seguir teniendo al mismo tiempo una sana relación con cada uno de los demás.

Conseguir estos objetivos, a menudo no es nada fácil. Algunas parejas caen en la desesperación y comprenden que no pueden resolver ellos solos estos problemas. En estos casos, recurrir a la ayuda especializada de un psicólogo, puede resultar decisiva para minimizar los problemas. Los celos pueden llegar a formar parte permanente de las relaciones familiares, pero si quién los sufre, comprende por qué está celoso y qué es lo que le hace sentirse celoso, podrá afrontar mejor el día a día y la vida puede ser mucho más feliz para todos. El hecho de examinar y poder entender la naturaleza de sus problemas puede contribuir a relativizar y minimizar los sentimientos de celos, a hallar la forma de tratarlos adecuadamente y dar un nuevo impulso a las relaciones familiares.

Los Celos en la Familia II
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